10 ene. 2005

La otra reunión

(Ficción escrita desde el punto de vista de un hombre-pieza-de-museo)

Inauguro con la palabra “Inauguro” este relato, relato no leído por tantas personas que ya varias editoriales me han encargado que no lo escriba, ávidas de mi falta de gloria. Soy el autor de las ficciones menos escritas y más ausentes de todos los tiempos y si no fuese que soy bastante malo como escritor, sería un gran escritor.

Sucedió que hubo una reunión que, pese a no estar precedida por ninguna otra, fue la segunda, hecho que alarmó a los concurrentes, que ya se disculpaban por no haber estado en la tercera. El lugar elegido fue París, pero debido a la fatal ausencia de la torre Eiffel, de franceses y del Moulin Rouge, los reunidos decidieron estar en Rosario, a pesar de algunos irreductibles que se empeñaban en demostrar que la falta de los citados elementos no implica no hallarse en la capital francesa.

(Comentario entre paréntesis)

Había entre ellos un muchacho muy incierto y de existencia tan dudosa que a menudo, estando sentados con él sus amigos en un bar, llamaban éstos a su casa para ver si no se había quedado ahí. Cierta alma caritativa escribió su biografía, de la que sólo falta ponerle el título y que comienza con el punto final.

Estoy omitiendo el motivo central de la reunión.

El relato quiere relatar sobre sí mismo. ¡Ay, vanidad, que no dejas en paz ni siquiera a lo que no es vanidoso! Me confiesa este relato que se siente muy emocionado, pues nunca ha estado en un libro. Lo consuelo afirmándole que jamás lo estará... (No se confunda estos puntos suspensivos con una expresión de incertidumbre o esperanza; son una certera confirmación de la frase que, procurando no se me escape del escrito, la aseguro con tres puntos, y pienso que debería haberle puesto más aún, pues he sabido de casos de escritores que debieron convertirse en zapateros o secretarios debido a que la displicencia en la colocación de los puntos les ha ocasionado la fuga de sus mejores frases que, ávidas de gloria, han ido a parar a mejores plumas.) Me cuenta también, orondo, que la I del principio es la misma que ha participado en cierto verso de Shakespeare y que ha solicitado para sí, varias comas de la Divina Comedia.

Ni siquiera el lector inteligente alcanzará a comprender el propósito de este informe, ya que cualquier ser que se considere inteligente jamás leerá esto, escrito por alguien que no lo escribió nunca y que piensa leerlo antes de que haya sido escrito, así evita que sea escrito.

Preparado mi arsenal para la importante reunión, ideé unos piropos que derretirían a las damas (de esta forma podría colocarlas en una botellita y evitar que se me escapasen, porque sabrás, curioso lector, las mujeres huyen de mí y he sabido de casos de señoritas que se mueren por no conocerme y hasta darían todo lo que tienen por no hablar jamás conmigo. Sé que soy inmodesto, pero sé también lo que no soy: enano, japonés, inteligente, Mahoma, un cenicero, un paraguas de una señora finlandesa, cierta roca en Bikanir, un tahúr embravecido por el alcohol, y tantas otras cosas que no menciono, no por falta de conocimiento sino por falta de conocimiento). He aquí algunos de ellos: “dichosas las bocas que la ven y los ojos que le susurran este piropo, pues tengo la nariz tan enamorada de usted, que ya no me late la oreja”, o “te quiero más que a mis ojos, más que a mis ojos te quiero, si me quitan los ojos, capaz que me quedo ciego”. Los dije tantas veces y de una forma tan callada que todas las que no lo oyeron acudieron a mi ausencia, presas de una total falta de amor y tan deseosas de no besarme, que no lo hicieron. Tal es mi éxito.

A la reunión faltaron los ausentes. Curiosa y grande impertinencia la suya, que se empeñan siempre en no estar donde no acuden, pero al menos nos queda el consuelo de que asistieron todos los presentes, sin que faltase uno solo de ellos. El único hecho que empañó la jornada fue la fatal aparición del último en llegar, que en su afán de ser el primero en llegar último, se apresuró de tal forma que llegó antes que otros.

Bebieron como siempre. Las botellas fueron desnudadas de su contenido con una celeridad tan acabada que, llegados a un punto, solicitaron al mozo trajese las botellas ya bebidas.

Yo bebí tantas botellas vacías y quedé en un estado de sobriedad tal, que debí volver solo a mi casa en colectivo y para colmo de males, no equivoqué el número de casa ni desacerté con la llave.

Etcétera.


(Homenaje a M.F.)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUENO EL TEXTO, LOCO, ME DEFEQUE ENTERAMENTE DE LA RISA Y EN ESTE MOMENTO ( AUNQUE NO CONOZCO NINGUN MOMENTO LLAMADO ESTE, SOLO NORTE Y SUR), ME DISPONGO A DISPONGARME CUANDO QUIERA A LEERTE EN UN FUTURO Y TAMBIEN, PORQUE NO, EN EL 33 CUANDO VOY A CIUDAD UNIVERSITARIA.SALUDOS.

Arsenio Lupín dijo...

Está tan bueno que ni siquiera lo leí.
Yo asistí a la reunión, pero no te ví ¿sería que no fuí? Nos olvidamos de la próxima que será en algún momento que recuerdo. Hasta hace poco y que las velas no ardan.

oyu dijo...

Genial texto. Idem con respecto al subtitulado de Lorelai, la historia de los sarrios y todo su universo. Sos un capo. Gracias por hacerme reír y algo más.

Pero Que Limado dijo...

Recien ahora leo este texto, quiere decir que lo lei la semana que viene, y me parece increible, entonces lo puedo no creer... (afirmacion de la frase, con tres puntos finales)
Realmente tu genialidad me supera, tanto me supera que no puedo no evitar no firmar un comentario para este texto
Punto

if (genialidad == true && originalidad == true){
sigoPasando();
printf("Este blog es excelente!\n");
}

Anónimo dijo...

Simplemente, muy complejo, de todas las veces q no lo lei, esta fue la peor...
Avisame cuando no se haga la fiesta, asi nos encontramos.
OdyZEUS

Gustavo dijo...

Interesante lo escrito, tan lógico como cualquier sueño que implique odaliscas y una tortuga de mar seca.
Me encanta ver la poca razón que tienen los grandes razonamientos :P

El Chalero Solitario dijo...

Verdaderamente bueno, locura. Terminé de leer el primer párrafo y hubiera jurado que se trataba de Macedonio.