23 feb. 2005

Desamor

(Cuento con fecha de vencimiento. Consumir preferentemente antes de morir)

Llegué aquella madrugada a mi casa y encendí la puerta, luego de haberme sacado el paraguas y guardádolo en el horno. Todavía daba vueltas en mi cabeza la frase con que había sido rechazado: “tomátela”. En primer lugar, no advertí el verdadero sentido de la palabra, tal fue su sutileza. Así fue como seguí sentado al lado de ella, deslumbrado por la belleza de sus manos, donde el sexto dedo de la derecha se movía con una sensualidad mundana. Pero cuando hube dádome cuenta de que la inexistencia de mujer alguna junto a mí era harto notoria, alcancé que me había quedado solo.
Pero hoy estoy tan desenamorado de nadie, que el cielo me sonríe y hasta las palomas han condescendido a no hacerme blanco de sus fechorías. Veo todo color de rosas, coloro todo rosas de vista y roso todo visto de colores. ¡Ay, falta total de amor!, que haces ciego el corazón, rengo el espíritu y terco el entendimiento. Así es que, curioso lector, te confieso que estoy totalmente, locamente, verdemente, solmente, ojotamente desenamorado. Son tantos los poemas que no le he escrito y me es tan fácil no pensar en sus ojos, que creo si pudiese recordarla, lo haría.
Ayer pasé por una plaza donde pensé qué adecuados eran los árboles en ella. He descubierto, no sin años de minuciosa observación, que los árboles de copa frondosa dan sombra, una sombra bajo la cual uno puede sentarse, asombrosamente, sin que le dé el sol. También ciertas paredes y algún que otro techo cuentan con la misma característica. Pero me estoy desviando del propósito central de mi escrito: la floración de japoneses en Japón. Es increíble cómo logran nacer tantos japoneses en Japón. Igual fenómeno se da con los nigerianos en Nigeria.
Como os decía, lector azul, soy presa de la más absoluta falta de amor hacia nadie. Ya hemos fijado fecha para nuestra boda: hace dos días nos casaremos. Serán invitados (usted por supuesto, bostezante lector) la torta, los anillos, el cura, la iglesia, la comida, los regalos y, también, los invitados. Como en todo casamiento tampoco faltarán esos pequeños detalles que dan calor a toda ceremonia emotiva: la caída de un meteorito en el quiosco de la esquina, la aparición del espectro de Napoleón y la danza de calzoncillos. Hace tanto tiempo que vengo organizando este momento... casi el mismo que utilicé para planear mi nacimiento. Acudí, lo recuerdo con fervor, tan puntualmente a mi alumbramiento que si en lugar de haber nacido en ese instante lo hubiese hecho después, estas palabras serían póstumas.
En fin, así es el desamor, y quien lo dude, dúdelo nomás, pero ya vendrá Cupido a flechar su intestino y así caerá en los brazos de quien menos espera, es decir, del más impaciente.
Para ir cerrando este escrito, necesitaría su llave, la cual no poseo; por ello, es infinito, pues carece de cierre. He intentado con un candado, pero el constante sometimiento a la lluvia de bostezos que suscitan mis palabras, ha impedido tal método. Es así como, aterrado lector, jamás escaparás. Me han sugerido la utilización de la mágica palabra “fin” (algunos han indicado que con esta palabra debería haber comenzado, ahorrándonos al lector y a mí el constante chequeo del reloj y la contención de insultos), pero el temor de quedarme encerrado dentro de esta narración me lo ha impedido. ¿Usted qué opina, aburrido lector? No se me asuste, lo comprendo. Usted piensa que deberá pasar el resto de su vida leyendo esto. Mire, le doy una tregua y le permito saltearse el próximo párrafo, que poco o nada dice.
Poco o nada.
¡Oh, Dios! ¡Cuánto la desamo! Siempre recuerdo olvidarme de ella y cuando más la extraño es cuando no está. Constantemente vuelven a mis rodillas de pensar aquellos mágicos instantes en los que me miraba con los ojos, me daba besos con los labios y me escuchaba con los oídos abiertos.......... (En el relato original, estos puntos suspensivos eran tres, pero se ve que no han perdido el tiempo e, inspirados tal vez por mis palabras, han decidido procrearse)
Ay, lector descuidado, este párrafo que lee ahora, debería estar al comienzo del escrito, pero usted ha sacudido tanto la hoja, que le provocó una caída a este lugar, donde, careciendo totalmente de sentido, el infortunado párrafo ha decidido suicidarse.
Ella suele escribirme, pero dado que no tiene mi dirección y ni siquiera me conoce, sus cartas han ido a parar, indudablemente, a manos de otro hombre.
Como en un viaje muy largo, usted, despavorido lector, se preguntará cuánto falta para que acabe. Ya le he dicho que nunca supe cómo se termina un relato. La única forma de que éste finalice es que sufra un inesperado ataque de diarrea y tenga que...

14 feb. 2005

Grandes confusiones de la Historia

Fidel Castro salió por las calles gritando "Amo la Revuelta". El pueblo, embravecido, lo siguió, armado de fusiles y piedras. Fidel aceptó resignado su papel de cabecilla y prolongó su gobierno hasta estos días.

3 feb. 2005

África

Decreto Nacional Número 0.3:
- El Gobierno de Zaire declara el estado de sitio para todas las moscas de más de 5 minutos de vida.
- Si aún queda gente, también se declara tal situación para ellos.

Solicitud al Vaticano:
- Necesitamos más misioneros. La tierra arruina los pocos dientes que nos quedan.

Dudas

Oído hace un rato en la televisión:
"Tengo dudas sobre mis inclinaciones sexuales. ¿Creen que tener relaciones con un travesti puede aclararme las cosas?".

(¿Hace falta hacer algún chiste?)